Los viñedos están plantados en laderas con microclimas diferenciados, lo que permite que cada variedad esté localizada en un lugar perfecto para alcanzar la óptima madurez; es decir, los blancos en la parte más baja y fría del campo, y los tintos en los sectores altos y calurosos. El viñedo está orientado hacia el noreste, optimizando así su exposición a la luz solar; además el viñedo está rodeado de cerros, que otorgan un privilegiado aislamiento que provee una protección contra plagas y enfermedades en forma natural y que además permite un manejo medioambiental amigable.